8 nov 2008

Zoológicos = Cárceles para Animales


Partamos del hecho concreto de que más allá de las condiciones en las que se encuentren los animales en un zoológico, este siempre será una privación de libertad.

Partamos del punto de que no nos creemos el cuento de que los zoológicos cumplen la función de estudiar el comportamiento de los animales para aprender y luego educar. Es absurdo que se pretenda estudiar la conducta natural de los animales cuando cada una de sus necesidades naturales están limitadas. Lo único que se puede estudiar es la conducta producida por la cautividad, ya que el comportamiento de cualquier animal es diferente en su hábitat natural que en cautiverio.

Probablemente, los únicos estudios que se llevan a cabo en un zoológico son los de analizar las consecuencias del cautiverio en los animales para así generar estrategias de bienestar para los próximos habitantes (prisioneros) y de ese modo poder seguir manteniendo estas cárceles para animales.

Partamos de que tampoco nos creemos que los zoológicos cumplen la función de proteger las especies en peligro de extinción, ya que la mayoría de los animales que se encuentran en los zoológicos no están en peligro de extinción.

Además de que se los termina perjudicando, ya que estos perdieron su instinto de supervivencia por el aislamiento, y por lo tanto, no pueden ser reinsertados en su hábitat natural.

Partamos de que si se considera a los zoológicos como un entretenimiento, un mero espectáculo con el único propósito de divertirse durante unas horas; se está considerando a los animales como unos simples objetos con la única finalidad de divertirnos, como unos juguetes que usamos a nuestro antojo. Cuando en realidad, al igual que nosotros, son animales que tienen sus propios intereses.

Partamos de que las condiciones en cautiverio generan en los animales, así como las cárceles en los humanos; conductas estresantes en respuesta a los estímulos percibidos en su entorno. Dadas las condiciones de aislamiento, los animales reproducen conductas anormales e inclusive autodestructivas.

Esta experimentación de cambios en el comportamiento son el producto de su adaptación a los ambientes y condiciones construidos por los humanos.

Partamos del punto de que no solo no queremos cárceles, ni zoológicos; sino que directamente no queremos ningún animal encerrado. Ni cárceles, ni zoológicos, ni centros de experimentación, ni granjas peleteras, ni mataderos, ni ningún espacio donde la libertad de cualquier animal se vea coartada. El capitalismo no solo nos convierte a nosotros en mercancía, sino que hace lo mismo con las demás especies animales. Utilizándolos como simples máquinas que se pueden vender, comprar o cambiar, que responden al único objetivo de obtener ganancias.

Partamos del punto de que los zoológicos existirán hasta el día en que se los deje de apoyar.

Actualmente, se conoce bastante acerca de las nefastas consecuencias para los animales como producto de la cautividad.

A las aves se les priva de poder volar libremente grandes distancias, como acostumbran hacerlo. Los animales acuáticos generalmente carecen del agua necesaria y muchos otros animales que en condiciones naturales viven en manadas son recluidos solos en una jaula.

Conductas tales como la caza, el permanecer en grandes manadas y la migración, son extinguidas en los reducidos espacios de un zoológico. De la misma forma, la conducta de apareamiento y reproducción aunque no son extinguidas del todo, sí son limitadas a las condiciones de sus espacios.

Algunas características como la agudeza visual propia de algunas especies son perdidas debido a que se convierten en menos importantes para los animales dentro de sus jaulas.

Todas estas conductas naturales, al verse limitadas o directamente extinguidas, son sustituidas por sistemas artificiales, como métodos de alimentación y programas de apareamiento.

La situación es la misma en todos los zoológicos del mundo, por lo tanto, esta no difiere en nada en Uruguay. El zoológico de Villa Dolores es un perfecto ejemplo de las carcelarias condiciones en las que se encuentran los animales en uno de estos establecimientos.

A casos como el de la muerte de una jirafa o de un elefante, se le suma el de la muerte de dos canguros recién llegados de un zoológico de Atlanta, a causa de una neumonía. Mientras tanto el zoológico de Villa Dolores sigue intercambiando animales como lobos marinos por linces y osos chilenos, como si fueran simples piezas de colección.

Y con todo esto no pretendemos enfocarnos ni en las muertes, ni en las condiciones en que se encuentran los animales, ya que ninguna de las dos son el verdadero problema. El problema es que directamente ningún animal, ya sea humano o no humano, ha nacido para vivir privado de libertad.

Tampoco se soluciona el problema aumentando el espacio de las jaulas, se suele creer que los animales se encuentran “más libres” (no se es más o menos libre, se es libre o no se es) en lugares como el parque Lecocq. Eso es otro error, ya que sin importar la distancia, en cualquier dimensión, si existen rejas que prohíben el libre paso de los animales, es un atentado a su libertad.

Dado que los animales en cautiverio han perdido su instinto de supervivencia, es casi imposible suponer que estos vuelvan alguna vez a vivir en su hábitat natural. La solución a esto sería dejar de apoyar los zoológicos, ¿pero qué sucedería con los animales que ya han sido perjudicados? Creo que lo mejor sería trasladarlos a alguna reserva donde realmente intenten reinsertarlos a su hábitat natural a medida que cada animal va desarrollando sus instintos.

Igualmente lo más efectivo sería evitar la destrucción de los entornos naturales, así como cualquier actividad que limite la libertad de los animales.

Tomando en cuenta que los zoológicos no solo son establecimientos donde la libertad de los animales se ve coartada, sino que además, mienten sobre las funciones que cumplen; no queda ninguna duda que la única función que cumplen es la de producir beneficios económicos para sus propietarios. Los zoológicos no son otra cosa que un negocio más, y como tal, su única finalidad es producir ganancias; con el dinero como prioridad, pisotean la libertad de los animales para aumentar su capital.

La libertad no solo le pertenece al ser humano, la libertad le pertenece a todo ser que tenga las facultades para ejercitarla.

Que quede claro, no queremos que quede ni un solo animal encerrado, que no queden rastros de cárceles ni de zoológicos, ¡hasta que todas las jaulas estén vacías...!


¡ Liberación Total !

¡ Liberación Total !